Puede que nunca os haya ocurrido, o puede que vuestra experiencia haya sido otra, o quizás podría ser que llegue más adelante… Me refiero a momentos en la vida en los que parece que Dios calla. Parece que no hay respuestas, parece que Dios le habla a todos nuestros hermanos menos a nosotros. Cuando en realidad se me ocurren dos cosas que pueden estar sucediendo.
Partiendo de la base que Dios siempre habla, pues nada más con abrir la Biblia, su Espíritu nos da revelación e iluminación de su Palabra escrita, y teniendo en cuenta que (enseñanza de Escuela Dominical) Dios da tres respuestas: si, no o espera, tendríamos que ver en primer lugar si le estoy escuchando; si mi comunicación con Dios es un diálogo o, por el contrario, hago un monólogo ante Dios que sirve para desahogarme. En el caso, y no tendría porque pensar o presuponer lo contrario, de que realmente hay un deseo de escuchar la voz de Dios, el planteamiento sería otro: ¿espero una respuesta predeterminada o realmente estoy abierto a que Dios me hable en la manera que quiere hacerlo?
A veces no escucho a Dios, a veces sólo hago un monólogo y me voy, otras deseo verdaderamente que Él me hable, pero espero la respuesta de una manera y cuando Dios me contesta en otro modo con el que yo no contaba, no puedo reconocer que eso viene del Padre y por lo tanto, afirmo que Dios no me habla. Pero la afirmación correcta sería: no sé ver o escuchar la respuesta de Dios. De modo, que realmente sólo parece que Dios calla, cuando en realidad no es así, o al menos no es así en mi experiencia.
Dios siempre habla, es un Dios que se comunica con sus hijos, que lo ha hecho y lo sigue haciendo con su Palabra (pues muchas veces oramos para conocer su voluntad en determinado asunto cuando en realidad tenemos la respuesta en tres versiones distintas: Reina Valera, las Américas y Dios habla hoy), que usó a una burra, que nos habla a través de nuestros hermanos, de nuestras situaciones cotidianas, de inconversos, a través de sueños, a través de pensamientos y de tantas otras formas que por más definida que pudiera estar está lista siempre estaría limitada, pues Dios está por encima de cualquier definición que podamos hacer de su obrar y de su forma de hablar y de comunicarse. Así que os ánimo a orar (no sólo a pedir sino también a esperar su respuesta, a escucharle) y a estar abiertos a que Dios siempre nos hable en la manera que Él desea hacerlo y que nos prepare para entender y ver sus respuestas aún en los lugares y de las formas más inesperadas.
Que Dios os bendiga.
Jonatan Mira.
ARCHIVOS ANTERIORES
Estudio 2 del Retiro (Hernán) (Power Point)
He hecho una locura (I) Dani Pujol
PARA INSCRIBIRSE click aqui

Como hijo de bombero, y debido a mi experiencia, puede que los rescoldos enciendan un fuego aun más grande que el inicial.
HECHOS 24
..no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud…ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan…así sirvo al Dios de mis padres
Hechos 24:12-14
Así Como le sucedió a Pablo, todos, en mayor o menos medida, podemos ser acusados falsamente por causa del Evangelio. Miles de ojos están cada día puestos sobre nosotros. Para el mundo somos unos locos, unos fanáticos, retrasados, tontos…que vivimos de forma diferente, no dejándonos arrastrar por su corriente, y si, además, los acusamos llamando al pecado por su nombre, es normal que nos ganemos la enemistad de muchos.
De ahí la importancia de mantener un testimonio limpio en todo momento, para que cuando nos pregunten, e incluso para cuando nos observen en silencio, podamos decir como Pablo: mira mi vida, no hay nada malo en ella, sencillamente es diferente a la de los demás, porque con mi vida, con mi ejemplo sirvo a Dios en el que creo.
Que los que nos rodean puedan ver en nuestra vida cotidiana una vida transformada, una vida que glorifica a Dios, una vida que refleja lo que cree y lo que está escrito en la Palabra.
Tus hechos hablan tan alto, que no me dejan oír tu voz.
JESUS ES LA LUZ
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Son palabras muy familiares, que conocemos de memoria, pero ¿qué significa esta afirmación que Jesús es la luz del mundo? Cuando intentamos expresar esta misma idea con otras palabras no es fácil.
La luz es la verdad. Revela lo que hay. Nos ilumina. Da comprensión y entendimiento. Cuando encendemos una luz de noche vemos donde estamos y nos podemos mover sin tropezar. Una luz en la calle nos capacita encontrar el camino y seguirlo. La luz es la explicación de la realidad. La luz que Jesús nos da es su enseñanza acerca de la vida, como es este mundo, cual es el propósito de la vida, a dónde conduce, cómo vivirla. Es la revelación definitiva de cómo es Dios, como es el ser humano, y como es el diablo. Distingue la verdad de la mentira. Nos muestra el camino de la salvación.
El que anda en tinieblas no sabe porque está vivo, que pasará cuando muera, cómo es Dios, o cómo encontrarlo. Aquí es donde entramos nosotros, porque brillando con la luz de Jesús en nosotros, somos luces para los que busquen a Dios: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). El que busca a Dios nos tiene a nosotros para mostrarle el camino.
Jesús es la luz del mundo en términos generales, pero también es mí luz de forma muy personal: “El Señor es mi luz y mi salvación” (Salmo 27:1). El es mi luz en el día de hoy en todas las decisiones que he de tomar, en cuanto a mis prioridades, en cuanto a la voluntad de Dios para mí, y en cuanto al camino que he de seguir, alumbrándolo, paso por paso. Tengo la promesa de Jesús que “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, luz para vivir hoy conforme a la voluntad de Dios.